Metro Libre (Panama)
- Feb 12
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Las pedidas de mano con aires de película conquistan la ciudad del amor.
Un carruaje resplandeciente tirado por un caballo blanco irrumpe de noche en la plaza Vendôme, una de las más lujosas de París. Su cochero abre ante una pareja un estuche rosa con un zapatito de cristal: “He venido a buscar a una princesa”.
En la ciudad del amor, las pedidas de mano adquieren aires de cine entre carrozas de Cenicienta, terrazas privatizadas y puestas en escena a medida, creando un lucrativo mercado alimentado por clientes internacionales.
“Siempre hemos soñado con una boda de cuento de hadas”, explica Sander Castel, empresario neerlandés de 44 años. En noviembre contactó a la agencia ApoteoSurprise, que organiza el paseo “en el carruaje de Cenicienta”, propiedad de Delon.
En la plaza Vendôme, la pareja sube a bordo del carruaje y se deja llevar por los barrios acomodados de París hasta la Torre Eiffel. Al son de un violinista, el hombre, de rodillas, pide la mano de su novia, de 40 años.
Su prometida, Shirley Wijgaarts, con un vestido de baile negro, creía que simplemente pasaría un fin de semana sorpresa en París. “¡No me lo esperaba! Y por supuesto dije que sí. Es mi príncipe”, dice a AFP.
Impulsada por las redes sociales, la pedida de mano “a la estadounidense” se ha convertido en un acontecimiento en sí mismo y se escenifica en la ciudad de la luz.
Sidecar, barco, helicóptero
A orillas del Sena, las agencias multiplican los decorados pensados para internet: letras gigantes de “Marry Me” (Cásate conmigo), flores de seda y globos con forma de corazón. Con fotógrafo, cuesta entre 300 y 700 euros (entre 355 y 830 dólares).
Los hoteles de lujo, como el Shangri-La, reservan a sus clientes terrazas con vistas a la Torre Eiffel. “Les organizamos todo: flores, velas, fotógrafo, cena con mayordomo privado”, explica Mélanie Tessier, “guest relations manager” del Shangri-La.
Esta puesta en escena espectacular fideliza a la clientela, que luego regresa para aniversarios o estancias en familia, explica.
Presión social
Los clientes son principalmente empresarios de entre 35 y 55 años, procedentes de Estados Unidos, Australia, Inglaterra, el norte de Europa, Singapur u Oriente Medio.
Además de París y Nueva York, este mercado también se desarrolla en Venecia, la costa amalfitana, Capadocia, Santorini o Australia.
“Como la fiesta de San Valentín, la pedida se ha convertido en un ritual moldeado por la industria comercial. No ajustarse a estas puestas en escena puede percibirse como falta de amor o de romanticismo”, resume la socióloga Florence Maillochon.

